Hace años tenía que ir a presentar campañas de publicidad a mis clientes. En las reuniones íbamos los que dirigíamos la cuenta, los diseñadores, los de tecnología... el caso es que en esas reuniones generalmente nos “enfrentábamos” los “frikies” de la agencia de publicidad frente a los de los departamentos de Marketing. En varias ocasiones nos contaron que les encantaba vernos entrar por la puerta: ver nuestros bolsos “alternativos”, las camisetas con mensajes, las gafas de pasta en vez de “al aire” tan frecuentes en ese momento, el calzado deportivo... en definitiva, nuestra entrada era como un remolino en medio de la calma de esas oficinas.
Cada uno asumía su rol: se trataba de defender también con la imagen nuestro trabajo. No éramos muy conscientes de ello, pero era una realidad tangible. En el caso de los creativos, esos personajes de ideas maravillosamente “locas”, el atuendo era divertido, novedoso y curioso. Por su parte los de marketing iban formales, con americanas, trajes pantalones... Cada uno asumía su rol y aportaba sus ideas a través de los trabajos y del lenguaje no verbal.






















