Hace tiempo que, en nuestras reuniones semanales de equipo, hablábamos de dedicar una semana especial a la familia. Pero las semanas han ido pasando, cargadas de contenido, y esta idea, que nos encantaba a todas, se ha ido posponiendo. Pero, ¡por fin! hemos encontrado el momento.
FOTO: Family matters, la sitcom norteamericana que triunfó en la TV en los 90. ¿quién no recuerda a Steve Urkel?
¿Por qué hablar de la familia? Básicamente por dos ideas fundamentales. Para la primera, recurro a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, según la cual la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado. Es decir, ¡la familia es única! Todos (o casi casi todos) tenemos la suerte de haber nacido en el seno de una familia, de crecer rodeados de los nuestros (papás, hermanos-as, abuelos-as, primos-as, tíos-as) y de madurar, quizás, dentro de nuestra 'propia' familia (marido-mujer, hijos-as, cuñados-as, suegro-a). Y eso, para qué negarlo, es un lujo y una realidad universal.
FOTO: The Simpsons, una de las familias más longevas y míticas de la TV
La familia se convierte pues en uno de los principales centros de nuestra vida. Con ella disfrutamos, nos reímos, también lloramos, viajamos, veraneamos, crecemos, también sufrimos... La familia, como bien dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se convierte así en el núcleo fundamental de la sociedad.